Sa Porta del Cel

“Lluvias en agosto, azafrán, miel y mosto”, así dice la sabiduría popular, pues a finales del mes de agosto el bulbo de azafrán despierta de su letargo y agradece enormemente las precipitaciones.
 A pesar de la belleza y la fragilidad de su flor, es una planta que puede adaptarse perfectamente a suelos calizos y arcillosos al igual que a climas secos, pudiendo sobrevivir, prácticamente sin riego y dependiendo casi exclusivamente del agua de lluvia. Pero no es hasta finales de octubre, principios del mes de noviembre, cuando los campos se tiñen de color violeta.

 

 

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